Si no fuera hoy, ayer hubiera muerto mediocre y poco sabio. Deseoso de lecturas y escrituras soñadas. El amanecer y su melancolía me hubieran dicho:
-Este es tu último suspiro, ingenuo mortal.
Y yo, cruelmente tendría que desatar mi ira hacia lo desconocido.
Si este día no estuviera en pleno curso, ignoraría que esas aventuras aclamadas hubieran quedado en la lista de propósitos, esas culturas, ciudades, personas, nombres y detalles, hubieran quedado oscuras frente a esta masa cuasi inerte que todavía me aconseja vivir y me recuerda que el hoy es aún, pues la luna aún suspira...

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