viernes, 25 de agosto de 2017

UN PERRO LLAMADO NIETZSCHE






Lo encontré en el camino al trabajo. Estaba mojado (llovía a cántaros), sucio y hambriento. Me perseguía como a su amo, fiel y a similar paso. Su lana de color oro, se podía observar pese a las manchas negras de la calle. Tenía mirada juguetona y confiada. No se alejó de mí. Entonces, decidí alimentarlo. Compré en la tienda más próxima, un par de panes para su desayuno. Los devoraba con gran intensidad, una hambruna desesperada lo hacía casi morderme la mano. 

Al verlo seguirme después de darle de comer, me pareció el caballo adorado por Nietzsche, el filósofo. Cuando entró en pleno periodo de locura, Nietzsche divisó un caballo maltratado por su jinete, lo defendió contra el ataque, y cayó herido en su defensa. Se dice que este fue el inicio de su esquizofrenia e inmediata muerte. 

No vaticinio mi locura, ni me comparo con el "pensador a martillazos", únicamente sentí la misma sensación que él, al pensar en el perro, cuyo reflejo era: "humano, demasiado humano".

miércoles, 23 de agosto de 2017

CRÓNICA DE UN VIEJO EN AUTOBÚS


CRÓNICA DE UN VIEJO EN AUTOBÚS



Viajar en autobús se ha transformado en una actividad cotidiana tan normal y frecuente, que he perdido la capacidad de observar a mi alrededor. Pese a que estoy consciente de que es el espacio más adecuado para analizar caracteres impresionantes y mágicos.

Me ocurrió hace poco. Un anciano de aproximadamente ochenta años, se encontraba sentado en los puestos delanteros del autobús. Al subir, era el único lugar que se hallaba disponible, por lo que lo tomé a regañadientes, (generalmente, prefiero sentarme solo) sin embargo, cuando me dí cuenta de que a mi lado tenía a un viejo arrugado y de rostro sublime, que entre el sueño y la vigilia se trasladaba junto a mí a un destino cualquiera, no me detuve ni fui cauto en observarlo.

Sus manos carcomidas por el tiempo, 
su piel morena atormentada por un sol centenar, 
sus ojos que duermen la muerte
en un infinito recuerdo...

Pensé en su vida, aun cuando no supiera nada de ella. Me lo imaginé joven, rebosante de energía y vitalidad. Lo vi caminar y correr desesperado. Lo sentí enamorado y en sufrimiento. Pasé el tiempo veloz a su lado, y lo observé envejecer rápidamente. Lo vi nacer y morir en un solo instante.

Supe que al abandonar el autobús, lo abandonaba en su soledad. Supe que dormiría en el camino, pero que algún precavido, quizás impetuosamente, lo despertaría para echarlo de allí. Lo vi bajar lentamente, mirar a su alrededor, y no encontrar nada para él. 

Perdido en el tumulto 
pasea el anciano,
futuro cadáver, 
que no sabe que ya está muerto 
entre tanta inmundicia...


domingo, 6 de agosto de 2017

Alfonsina

"Voy a dormir, nodriza mía
acuéstame..."
Alfonsina Storni

Alfonsina

¿Dónde estás Alfonsina? Muchos se preguntan. Dicen que entraste al mar con un buen cargamento de piedras en tus bolsillos y te hundiste en lo profundo del cielo terrenal.
Dicen que te tragó el mar. Yo creo que te lo llevaste contigo, como regalo a los dioses, como dádiva que te asegurase un asiento en el Parnaso. Pero tú, desde la tierra ya te lo habías ganado, antes incluso de que colgaras tu romántica y abstracta lira.
Llevabas la muerte contigo antes de que murieras bajo tu propia sombra. Eres y fuiste libre de la cuna a la tumba húmeda que en vida escogiste. Amaste sin ataduras a Horacio, odiaste el oprobio de la inmunda injusticia.
Naciste en altamar. Desde ese momento, tu conexión con el gigante Poseidón sería eterna.
Tu imaginación sobrepasaba el ordinario y común entender. Para ti mentir formaba parte de la fantasía que irrumpía la monótona servidumbre diaria.
Dicen que tu padre se alimentó de aves antes de concebirte. Vagabundo y huraño, te bautizó como Alfonsina, que significa "la que lo enfrenta todo". Tu madre silenciosa, alguna vez entre la luna, rompió el llanto de la emancipación.
Conociste la miseria, el tempranero trabajo. Sin embargo, el desastre fue curado con antídoto de poesía. Representaste personajes toda tu existencia. El tuyo fue la mejor creación, dado lo trágico de su fin. 
Antes de partir, dejaste bellas cartas, muestra fiel de tus magníficos versos. 
Entraste al mar, y este se recogió contigo, como si de la noche se tratara. Nunca más se te vio, pero todos sabemos dónde estás.
Hasta pronto Alfonsina. Nos reunieremos en el Parnaso, para escucharte cantar.