La tarde de ayer, una sorpresa me abordaba al llegar a casa: un sobre misterioso en cuyo interior había una carta escrita a mano.
En ella, con una hermosa, cuidada y detallista caligrafía, una mujer de nombre Esperanza de Morales, escribía:
"De mis consideraciones:
Estimada familia, por este medio, mi interés sincero es compartir buenas noticias de parte de Dios, las que he aprendido al estudiar su palabra.
El mundo (personas) va de mal en peor, esto causa desasosiego diario, llegando incluso a reclamar a Dios, como si el fuese el culpable o quizá, reclamándole por qué no hace nada.
Desde niños nuestros padres tratando de que nos portemos bien, nos han dicho que el cuco (diablo) viene, sin embargo hay personas que no creen exista e incluso, calificándose que son ellos mismos el "tal" Pero miren lo que dice la Biblia sobre este ser maligno: "Y no es maravilla, porque Satanás mismo sigue transformándose en ángel de luz"
Adjunto un pequeño impreso, que pondrá más en claro lo que este ser maligno, que por su desobediencia al "Supremo" se transformó, no como le pintan, sino como son sus sentimientos para con los seres humanos, contiene textos que pueden ser verificados con su ejemplar.
Esta labor se realiza a nivel mundial, voluntaria y gratuita.
Como testigo de Jehová trato de cumplir lo aprendido que "Jesucristo ordenó se hiciera,antes que venga la justicia divina"
Así termina esta carta ininteligible, mal escrita, llena de faltas ortográficas (que por respeto al lector he corregido) y confusa en varias líneas.
Ahora bien, bosquejo en este mismo espacio un intento de respuesta ficticia:
Estimada Esperanza (¡vaya nombre!, muy bien relacionado con su principal característica), lamento contestar esta carta con tono irónico, pero me es inevitable elaborar una respuesta sin este recurso.
Sé que usted desconoce a los individuos o familias que habitan las casas que visita, porque nunca han abierto sus puertas tras las insistentes llamadas, o porque no permanecen en casa tiempo suficiente. Sin embargo, debe tener un modelo arquetípico de los ciudadanos del país y sus instituciones, porque lo que he escuchado sobre ustedes, es que son personas muy preparadas, intelectuales.
Por lo tanto, sé que no tomará mi respuesta como un insulto o blasfemia a su "señor Supremo", sino más bien como la humilde opinión de un ateo convencido y fiel a su filosofía de vida. Porque aunque parezcamos personas muy diferentes, hay un rasgo en común que compartimos: nuestra indomable fe por lo que creemos.
Se preguntará usted en qué cree un ateo como yo, pues bien, suficiente tengo con decirle que tengo fe en el hombre y la vida, No en las instituciones, religiones, creencias creadas por él, y repetidas hasta el hartazgo por seres como usted, que no hacen sino copiar ingenuamente, sin reflexión ni autoanálisis, aquello que predican. Si así lo hicieran seguramente se cuestionarían todo aquello en lo que creen, y eso quebrantaría su fe.
Esta es la razón por la que, mujeres y hombres de su comunidad, no permiten a nadie cuestionar sus ideologías, y si lo hacen, lo aceptan hipócritamente, con un prejuicio previo.
Pero no profundicemos demasiado. Ni usted ni yo nos conocemos, ni tenemos la intención de hacerlo. Únicamente me he tomado la molestia de responder su carta, como un acto de respeto por el tiempo y la dedicación con que usted elaboró la suya.
Me despido confiado en que, pese a que somos distintos, esto no impedirá que de vernos por la calle, nos apretemos las manos mirándonos a los ojos.
Atentamente
T.V.