El doctor Augustus Joram, a toda
la comunidad humana.
Es mi último deseo, confesar un
secreto que he mantenido durante toda mi vida. Quiero detallar lo que es y su breve,
pero profunda historia. Se trata de unos antejos, pero no unos comunes…
Similares y en esencia inocentes
como cualquier par de anteojos, su armazón y lentes fueron moldeados durante
milenios por un sabio que pasó incógnito toda su vida.
Su extraordinaria función radica
en ubicártelos de la manera tradicional, tomar un libro de un idioma que no se
domine totalmente y de inmediato podrás leer en su lengua original, como el más
docto políglota jamás nacido.
Allá por el año 2020, el todavía
joven sabio, cuya función era la de creador de pergaminos, en su visita a los históricos
ríos Tigris y Éufrates, encontró dos piedras perfectamente planas y circulares
que recogió esmerado. Las puso sobre sus ojos y no halló nada particular. En su
hogar, creo dos armazones con base del cáñamo de un árbol llamado Zafia, extinto
actualmente. Una vez creado los anteojos, se los colocó curioso, tomó al azar un
libro que casualmente era de una lengua desconocida, e increíblemente comprendió
todo lo que estaba en su contenido. Consciente de su descubrimiento, los
utilizó secretamente en la traducción escrita, de cuanto libro llegó a sus
manos.
Ya anciano, el sabio los devolvió
a la natura donde pertenecían. Sin embargo, no notó en el momento que lo hacía,
que un aldeano del lugar lo observaba. Ejecutado su ritual, se marchó. El
aldeano aprovechó entonces para sumergir su mano y tomar los anteojos.
En su poder, parecían no temer
más valor que cualquier objeto mediocre, y los guardó en un cofre por varios
años.
Tras la guerra, estuvo obligado a
mudarse a Sajonia con todas sus escasas pertenencias. Entre ellas el cofre que
guardaba los anteojos traductores. Allí
conoció a mi abuela, quien, con su innata curiosidad, redescubrió el secreto de
los anteojos y mantuvo el maravilloso misterio, hasta ahora que están en mi
poder y que he decidido lanzarlos a la luz con esta misiva pública, para uso de
todos los habitantes del planeta. No pido nada a cambio, tan sólo me gustaría
que los anteojos lleven el nombre de Vetvels, en honor a mi abuela.
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